La vida como espectador

Asisto a San Petardillo como un espectador más. Miento. Un espectador privilegiado. Un espectador que puede saltarse el cordón policial, que puede adentrarse en las entrañas de una peña que roza ya la treintena de años. Ya no pago las cuotas. Ya no soy de la peña, y ya no la siento como mía. Aunque allí estoy, porque es algo que nunca he querido perderme.

Este año asisto como espectador, pero no por no ser de la peña. Quiero observar. Y puedo. Y me quedo parado al lado de la batucada contratada por el ayuntamiento para el evento, pensando en el fuego y en lo mal acompasados que van los surdos.

Debe ser que no sé lo que es una peña. Pero sólo veo a gente. Gente que no se conoce. Gente que se sonríe con falsedad, que no disfrutan del momento. Gente que le da igual un muñeco que se quema. Gente que está más antenta de un alcalde que de un amigo.

Debe ser que en una peña uno ya no se divierte. No veo a nadie divertirse. Sí, bailan, se cogen de las manos y giran en torno al fuego. Es lo que siempre se ha hecho. Es lo que se debe hacer. ¿De debe hacer? ¿Querían de verdad hacerlo?

Como espectador, esto es lo que ví. Puede que la miopía lo distorsionara.

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Vista

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Hoy no te he visto. No hablo de ver, hablo de ver…

Hoy no he visto tus ojos dilarse, cuando los míos los miran.

Hoy no he visto erizarse tu piel, al contacto con la mía.

Hoy no he visto tus oídos, escuchando pálpitos en mi pecho.

Hoy no he visto tus labios mezclarse con los míos.

Hablo de ver. ¿Tú sabes lo que es?

Tú sabes lo que es, tú tampoco me has visto hoy.

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Premonición

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Una tarde viendo una serie me quedé dormido en la cama. Yo nunca me echo la siesta porque me sienta mal y no sé dormir media hora.

No sé cuánto tiempo pasó, me despertó mi madre dándome un libro. No sabía dónde estaba, no sabía qué día era, ni la hora. A lo primero me contesté rápido, pero el la fecha y la hora, tardé un poco.

Creo que es una premonición. Ultimamente llevo pensando que me apetecería estar en ningún lugar, ningún día a ninguna hora. Hoy pienso esto porque ahora sé que el sábado lo conseguí, y ahora sé que en ese mismo sitio es donde me gustaría estar ahora. Porque allí no importa nada, porque allí me olvido. Porque allí estás tú.

Nunca me había pasado. Todo está conectado.

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Crónica del fin de semana

Una borrachera. Recuerdos de juventud. Fotos nostálgicas. Reencuentro con ex. Caminata hasta casa. Previsión de resaca.

Un viaje. Nervios. Conversaciónes, miradas, contacto. Otra borrachera. Una nueva conquista. Bailes. Un parque desierto. Una forma diferente de ver las cosas. Una despedida. Un sentimiento nuevo.

Ha sido agotador.

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Lansarote, ¡muyayo!

De lo primero que me di cuenta gracias a mi hermana, es que en los aviones no hay fila trece. Y mira que ya llevo unos vuelos a mis espaldas, pero claro no se puede comparar mi mente atrofiada con la de una niña de 11 años.

Ese avión me llevó una semana a Lanzarote. Una semana familiar, playera y con desconexión total. El hotel era un gran lujo cinco estrellas, pero parece que el internet en España es todavía algo para muy pocos.

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Al salir del Barrio

No siempre he estado guardado en el cajón. Yo era famoso. Me querían. Al principio era hermoso. Me reconocían por la calle. Sobre todo los niños. Me gustaba ver sus sonrisas con huecos, sus comisuras manchadas por migas de pan o restos de nocilla. Flacos y gordos, morenos y rubios. Niños y niñas. Yo era famoso.

A ellos les hacía gracia lo que hacía. A mí al principio también. Todo era hermoso al principio. Lo que yo hacía les encantaba. Y lo hacía a todas horas. Todos los días. No paraba ni un segundo. Yo era famoso. Era famoso por lo que hacía. Eso les encantaba y no paraba de hacerlo. No lo escuchaba, pero mi cabeza me engañaba y a lo lejos oía las carcajadas desdentadas de los gordos, de los flacos, de los morenos, de los rubios. Lo hacía por ellos. ¿Lo hacía por ellos? Yo era famoso.

Mi adicción me dio un respiro gracias a la dieta que mis propios compañeros me obligaron a llevar. Pero no era tan gracioso. Las frutas y las verduras jamás podrían sustituirlas. Yo era famoso por ello. Aunque no perdí mi gracia, ya nada fue como antes. Los niños crecen. Todos. Y ya nada fue hermoso.

Me escapé una mañana con niebla. Pensaba que así nadie me vería. Pensé, ya no soy famoso. ¿Qué más da que me vean en una cuneta, debajo de unos cartones o tirado en la orilla de un río? Me fui del barrio. En el barrio lo tenía todo. Tenía a mis amigos, tenía juegos, distracciones… Tenía mi adicción. Yo era famoso por ella. Era famoso por mi adicción. Pero me fui. Libertad ansiada.

Pasó el tiempo y llegó el olvido. Ya ni me acordaba de ellas. Ya no las necesitaba. Ya no era famoso. Han pasado muchos años… ¡Triqui! Al principio ni me di cuenta. ¡Es Triqui mamá! Me cogió. Me miró. Sonrió. No hay nada como el amor de los niños, pensé. No hay nada como su sonrisa sin dientes, sus comisuras manchadas de migas de pan o restos de nocilla. ¡Hazlo! Dijo la niña. Yo llevaba años sin hacerlo. Pero me llamó Triqui. Nombre que es poesía para mis oídos. Esa niña me llevo a casa, me llamó Triqui y me pidió que hiciera lo que siempre había hecho. Lo que hacía cuando era famoso. ¡Come galletas! Me pidió. ¿Quién se puede resistir a la sonrisa de un niño?

Una vez más fui el monstruo de las galletas.

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Un juego

Hoy es tu cumpleaños. Cumples 43. Aunque ya lo sabes por supuesto. En el 2236 hay muchas maneras de darse cuenta de que hoy es tu cumpleaños.

Tus amigos te han regalado dos horas de juego en el CRV (Centro de Realidad Virtual). Ya sabes lo que es eso. Llevas esperando este momento mucho tiempo.

En el 2016 todo el planeta estaba por fín conectado. Nacío la segunda generación de internet. Los hologramas estaban al orden del día, y los robots empezaban a caminar en las casas de los más ricos. Las redes sociales se habían convertido en el verdadero pasatiempo de los jóvenes, que abandonaban la calle para dejársela a los más mayores.

Todo esto queda muy atrás, pero es el principio de todo. En el siglo XXIII las películas y los juegos no tienen un formato definido. Te las implantan y tú las vives como si estuvieras dentro. Eso sin moverte de la sala en donde estás. El teletransporte es algo barato, y en Marte viven tus abuelos en residencias para jubilados.

Hoy es tu cumpleaños. El juego consiste en que vives una vida. En el 2009. ¡Qué lejano queda eso! ¿Qué habrá pasado?

Tienes 23 años y hoy también es tu cumpleaños. Estás ya por fín de vacaciones, después de una época dura de examenes. Te ha quedado alguna asignatura, pero crees que recuperarás en Septiembre. Ahora estás relajado. Mantienes una conversación picante por el messenger, mientras ojeas tu perfil de facebook. Te das cuenta de que tu mejor amigo ha cortado con su novia. ¿Y no me lo cuenta? El muy cabrón… Piensas.

Llevas media hora consumida en el CRV, pero para ti han sido 23 años.

Entras en un blog. “Un Juego” dice la entrada. Estás un poco aburrido. Es una noche calurosa, aunque corre un poco de aire y notas como los mosquitos prefieren la luz de tu lámpara. Pinchas. Lees.

Hoy es tu cumpleaños. Cumples 43.

Al leerlo tienes una sensación muy extraña. Te da la sensación de que has vivido esto. No es un deja vú. En realidad te da la sensación de que has vivido otra vida. Que tienes 43 años. Imposible, acabo de cumplir los 23. te miras en el espejo del baño. No hay duda, 23.

Una extraña melodía empieza a resonar en tu cabeza. Parece que viene de la calle. Pero suena en tu cabeza, y te hace sentir mal. Te mareas, y sólo quieres despertarte. “¿De qué, si no estoy durmiendo?”

¿Eso crees?

¿Quién te dice a ti que esto no está ocurriendo de verdad?

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El mundo y los blogs

Encuentro curiosísimo el hecho de tener un blog. Este espacio personal que sirve para que subas a la Red tus agobios, miedos, quejas, obras de arte. Tus sueños, tus anhelos, tus fantasías. Todo lo puedes subir. Y aunque más que una herramienta se convierte en un (auto)psicólogo en el que poder echar todo eso que no le decimos a nadie.

Es curiosísimo que pudiendo hacer todo esto, no lo hagamos. Porque la verdadera naturaleza de tener un blog es gritar. Gritar para ser atendido. Y queremos que cuanta más gente nos oiga mejor. Porque ¿qué es un blog sin visitas?

Inicio esta nueva etapa sin saber cuanto va a durar. Quizá me canse mañana.

Es curiosísimo que cuando no he escrito una palabra durante meses, sea cuando más gente se ha interesado por saber si he escrito. Ahora tengo la atención que queremos todos. Atención que se esfumará cuando publique esta entrada. Porque el blog no vende si está activo.

Es curiosísimo…

Me doy la bienvenida.

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La vida en musikene

Musikene es un conservatorio. De música y sólo de música. Aunque ni si quiera el edificio es conservatorio. Compartimos edificios con muchas otras cosas. La sede la tenemos en un palacio (Miramar, para ser exactos). Pero aparte hay otros tres edificios más repartidos por la ciudad. Cuando pensaron en repartir las clases, porque no cabían todos los alumnos en el palacio, decidieron que estuvieran lo más lejos posible unos de otros. Así, musikene se puede catalogar como el conservatorio más sano de Europa.

Una de las grandes pegas en musikene son las aulas. Más bien la ausencia de aulas. Y la segunda pega es el mal uso que la gente hace de ellas, o mejor dicho el no uso que hace la gente de ellas. Porque para usar un aula para estudiar, primero hay que reservarla en una lista. Si vas a las 8 de la mañana, que es cuando abre el palacio, ya no hay aulas. Parece que la gente acampa en la puerta para coger una cabina. Y no sólo para ellos, apuntan a todos sus compañeros también. Luego allí no estudia ni Dios. Pero con las aulas reservadas piensas que está todo ocupado y nunca sabes donde meterte a tocar unas notitas.

De vez en cuando sacan unas listas en el tablón de anuncios. Siempre que salen, todos corremos, rezando que no nos haya tocado. El premio es una semana de ensayos intensivos, todas las tardes de 6 a 10, a parte de todas tus clases, lo cual te rompe todo el esquema de estudios, si es que alguna vez tuvimos uno. Ya llevamos dos semanas fatídicas de esas, de las cuales me ha tocado el premio en las dos. En realidad estamos aquí para eso, pero cuando te exigen por todos los lados llega un punto en el que tu cabeza explota.

Aparte de todo esto, la vida es tranquila. Despertarse, y tener que pasear obligatoriamente por la Concha todas las mañanas no es ningún castigo. Estudiar los domingos por la tarde, abrir la ventana de tu aula y que te llegue la brisa marina tampoco es una pesadilla.

Todo esto viene por mi ausencia. Ahora me viene una semana tambien durilla, el fin de semana que viene un viaje a Barcelona, y ya por fin estaré un poco más libre para poder retomar todo lo retomable.

Así pues, a esperar toca.

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