«¡Feliz cumpleaños hijo!
- Mamá, son las ocho de la mañana. ¿Dónde estás?
- En el trabajo, ¿dónde podría estar? Yo trabajo sabes…
- Ya, trabajas… Yo estaba durmiendo.
- Pues ya es hora de levantarse. No todos los días se cumplen treinta años.
- Gracias por recordarmelo. ¿Algo más?
- Pues sí, ahora que lo dices… Llegó una carta para tí, de una antigua novia, aunque no tiene remitente pero…»
De repente el sueño se me fue de un plumazo.
- ¿Qué estás hablando? ¿Una novia?
- Sí hijo, eso parece. No he podido evitar abrirla. Pero creo que no la entiendo. Tendrás que venir a buscarla.
- Gracias por mi falta de intimidad. Iré esta tarde.
- Vaya, vas a dignarte en venir a vermos. La última vez que viniste…
- ¿Vas a empezar otra vez? Cada vez que hablo contigo se me quitan las ganas de ir.
- Bueno, entonces me callo. Es tu cumpleaños. Ven esta tarde, te esperamos.
- Hasta luego mamá.
- ¡Y despiertate ya! Estás todo el día durmiendo, y desperdiciando tu…
Colgué.
Estuve dando vueltas en la cama, sin dormir pero tampoco sin levantarme. Es posible que en vez de dar vueltas yo, fuera todo lo demás lo que estuviera en movimiento. “¿Qué coño bebí ayer?”, pensé. En fin, la idea de una antigua novia me golpeaba en mi cabeza más que la resaca.
Me levanté y tome no sé si 200 litros de agua. Por lo menos a mí me lo parecieron. Creo que también un zumo de naranja. Leí por ahí que el zumo de naranja te cura las resacas. Estas cosas sólo te las dicen los que no han tenido resaca en su puta vida. La resaca no se cura, sólo se padece. Viene y se va. Igual que las mujeres que han pasado por mi vida. Pero ese es otro tema.
Es posible que con la ducha bajara el nivel del Pantano de Lozoya a niveles de crisis, pero necesitaba aclarar las ideas. ¿Quién me mandaría una carta? ¿Qué antigua novia? En mis treinta años sólo había tenido dos novias. Y tal como acabaron las cosas, no creo que sean capaces de mandarme una postal por mi cumpleaños. Quizá mojada en antrax, pero estoy seguro de que son incapaces de conseguir esas sustancias. Todo esto puede ser un pensamiento conspirativo de mi madre para que vaya a pasar la tarde con ella. La verdad es que tendría mucha lógica, últimamente no he estado muy disponible. Sea lo que sea, tenía que ir y acallar mis dudas.
Caminado por la calle del hogar familiar me di cuenta que mis ojeras andában por mi. Detalle del que mi querida madre también se dió cuenta.
- Estás hecho un asco.
- Gracias.
- Anda, siéntate. Hay tarta.
No tardé mucho en sacar el tema de mi carta misteriosa. Mi madre la escondía casi como un tesoro en un cajón de la cocina. La carta estaba abierta. Saqué del sobre un folio blanco que ponía:
“Feliz cumpleaños. Treinta ya ¿verdad? Yo, como bien sabes también cumplo los mismos. Hicimos una promesa. Hace mucho tiempo. Nos lo prometimos, y sé que lo vas a cumplir. Dentro de poco me encontrarás.
Besos. M.”
¿Qué clase de broma es esto? ¿Es una amenaza? ¿Quién ha podido escribir esto?
[...]
por
13/08/2008 at 10:16 Permalink
Eh! Eeeeh! no puedes dejarnos así! siguelo!!
13/08/2008 at 11:19 Permalink
Continuará…
13/08/2008 at 14:32 Permalink
Mmmm, esto promete…
13/08/2008 at 18:28 Permalink
mmm eso suena a lo típico de “****************”
jijiji
editado
13/08/2008 at 18:50 Permalink
@ lara | Tú crees?
@ Cantimplora | Te voy a empezar a odiar… Es lo que tú dices, y lo sabes porque a tí te ha pasado. jajaja
14/08/2008 at 0:17 Permalink
jajaja te pillé!! el caso es que ¿a quién no le ha pasado?
Por cierto, feliz cumpleaños
14/08/2008 at 3:42 Permalink
Anda que no queda para mi cumpleaños…