a los treinta (capítulo dos)

Cada rato que pasaba mi mente me decía que estaba perdiendo el tiempo allí, que lo de la carta era una broma. Lo decía tan fuerte que no oí a mi estomago quejarse por las cantidades astronómicas que estaba engullendo de tarta.

Me quise levantar para escapar de la casa de mi madre, pero no pude. “Está bien. Una vez más” pensé. Me levanté como si tuviera 20 años más y escapé de mi infierno adelantado. Oír a mi madre durante un minuto más habría sido la perdición para las pocas neuronas que el alcohol deja vivas. En el ascensor leí la carta una vez más. En el portal otra. Y al abrir la puerta me quedé allí como un pobre refugiándose de una lluvia torrencial y sorpresiva. Parado allí me sacó de mis pensamientos una amable señora con un paraguazo en la espinilla. -¡Quita de ahí pasmarote!- me dijo llena de bondad. En ese momento no me percaté de nada, pero a los diez minutos maldecía a esa vieja del demonio y a su paraguas.

Con la espinilla quemándome y la carta en una mano salté a la acera, no sin antes hacerme mi propia película de lo ocurrido. Como ví que me estaba quedando como una cualquiera de cine español, desistí, y caminé a buen paso hacia el metro. De repente me entró la paranoia. Alguien me estaba siguiendo. “Quizá la mujer misteriosa” “¿M es nombre de mujer?” “Podría ser el marido de esa pobre mujer, buscando venganza por haberse enamorado de un macho mucho más apuesto que él”. Gracias a los norteamericanos y su infecto cine, me entró el miedo de ser apalizado por un musculoso despechado. Así que a escape entré en el metro mirando hacia todos los lados.

La gente me miraba. Pensé “ya me gustaría veros a vosotros con un musculoso rabioso pegado a vuestro culo”. Eso era justamente lo que me pasaba a mí. Empecé a correr, aunque no hubiera ningún vagón en la estación. 3 minutos. En tres minutos podría estar muerto. O peor, con algo roto, o sin algo… Mierda, tenía que buscar plan alternativo.

Después de 3 trasbordos y más de hora y media de viajes subterráneos, pude estar seguro de que nadie me seguía. Volviendo ya en mi línea, hacia mi casa

- Perdone- me tocan en la espalda. -¿Tiene hora?

- ¡Joder! Casi se me sale el puto corazón por la boca…

Su cara era un auténtico rompecabezas.

- Sí, perdone. Las ocho menos veinte-. Y le dí la espalda.

Un sudamericano me dijo que todos teníamos malos días. Encontrar empatía en el metro es francamente fácil.

Al salir del metro, de camino a casa y con los nervios destrozados, escuché una voz de mujer. “¡Perdona!”. No quise oir. Aligeré el paso. “No quiero saber nada de nadie, no quiero indicar ninguna calle a nadie”. Además, yo no conocía esa voz. Las caras se me olvidan, pero las voces femenínas se me quedan grabadas magnéticamente.

- ¡Jose! Para un momento, tengo que hablar contigo.

Paré en seco. Escalofrío. “¿Por qué sabe mi nombre?” Miré en mi mano. “¿Y esta carta?”. Mierda con tanta película no me acordaba de la carta. El sudor que de repente me corría por la espalda casi me impide darme la vuelta. “Lo haré muy despacio. Finge tu mejor cara”. Fingí mi mejor cara, que no fue mejor que una mueca de mi peor cara.

Entonces la ví.

[...]

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Aquí no se acabó todo

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7 comentarios sobre "a los treinta (capítulo dos)"

  1. Neofito
    20/08/2008 at 1:49 Permalink

    joder, eres todo un artista,me encantan tus relatos, que prosiga esta historia eh¿

    un saludo

  2. lara
    20/08/2008 at 13:15 Permalink

    Sigueeee! no nos dejes así!

  3. Sick
    20/08/2008 at 23:28 Permalink

    ¿A quién? ¿Quién es ella? :O

    Saludos, man!

  4. nanoysutrompa
    21/08/2008 at 3:20 Permalink

    @Neofito | Va, no te pases… Por cierto, pedazo de curso que te has pegado. Beethoven. Quién pudiera…

    @lara | Todo a su debido tiempo. :P

    @Sick | ¿Ella? ¿Quién podrá ser?

    Saludos woman!

  5. Neofito
    23/08/2008 at 20:56 Permalink

    buf, si supieses como sono eso… encima falte a un encuentro de la joven sinfonica de galicia, que sono mil veces mejor tocando el lago de los cisnes entre otras cosas, por ir ahi porque iba, en principio, dave quiggle (da viola en el musikene) y al final no fue, por no tener no tubimos ni profesor de viola…. en fin, asi aprendo a no apuntarme a lo loco sin tener seguro un par de cosas..

  6. nanoysutrompa
    24/08/2008 at 18:58 Permalink

    Ahora me das más envidia todavía…

  7. Neofito
    24/08/2008 at 23:48 Permalink

    si sono fatal lo de beethoven, si lo resucitan se suicida xD pero bueno, a esperar el siguiente encuentro. La verdad es que tocar en orquesta es algo que me encanta

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