Al salir del Barrio

No siempre he estado guardado en el cajón. Yo era famoso. Me querían. Al principio era hermoso. Me reconocían por la calle. Sobre todo los niños. Me gustaba ver sus sonrisas con huecos, sus comisuras manchadas por migas de pan o restos de nocilla. Flacos y gordos, morenos y rubios. Niños y niñas. Yo era famoso.

A ellos les hacía gracia lo que hacía. A mí al principio también. Todo era hermoso al principio. Lo que yo hacía les encantaba. Y lo hacía a todas horas. Todos los días. No paraba ni un segundo. Yo era famoso. Era famoso por lo que hacía. Eso les encantaba y no paraba de hacerlo. No lo escuchaba, pero mi cabeza me engañaba y a lo lejos oía las carcajadas desdentadas de los gordos, de los flacos, de los morenos, de los rubios. Lo hacía por ellos. ¿Lo hacía por ellos? Yo era famoso.

Mi adicción me dio un respiro gracias a la dieta que mis propios compañeros me obligaron a llevar. Pero no era tan gracioso. Las frutas y las verduras jamás podrían sustituirlas. Yo era famoso por ello. Aunque no perdí mi gracia, ya nada fue como antes. Los niños crecen. Todos. Y ya nada fue hermoso.

Me escapé una mañana con niebla. Pensaba que así nadie me vería. Pensé, ya no soy famoso. ¿Qué más da que me vean en una cuneta, debajo de unos cartones o tirado en la orilla de un río? Me fui del barrio. En el barrio lo tenía todo. Tenía a mis amigos, tenía juegos, distracciones… Tenía mi adicción. Yo era famoso por ella. Era famoso por mi adicción. Pero me fui. Libertad ansiada.

Pasó el tiempo y llegó el olvido. Ya ni me acordaba de ellas. Ya no las necesitaba. Ya no era famoso. Han pasado muchos años… ¡Triqui! Al principio ni me di cuenta. ¡Es Triqui mamá! Me cogió. Me miró. Sonrió. No hay nada como el amor de los niños, pensé. No hay nada como su sonrisa sin dientes, sus comisuras manchadas de migas de pan o restos de nocilla. ¡Hazlo! Dijo la niña. Yo llevaba años sin hacerlo. Pero me llamó Triqui. Nombre que es poesía para mis oídos. Esa niña me llevo a casa, me llamó Triqui y me pidió que hiciera lo que siempre había hecho. Lo que hacía cuando era famoso. ¡Come galletas! Me pidió. ¿Quién se puede resistir a la sonrisa de un niño?

Una vez más fui el monstruo de las galletas.

Aquí no se acabó todo

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Un comentario sobre "Al salir del Barrio"

  1. el amanuense
    09/07/2009 at 15:00 Permalink

    Si echas de menos al monstruo de las galletas, ya tienes edad para empezar a cuidarte.

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