Melancolía cerebral o la importancia de recordar cosas

Cuando era pequeño (más) suspiraba por ir a un sitio en la faz de la Tierra (así, con letra capital). Algunos podrían pensar en lo típico “¿dónde querrá ir el niñato este?”. Se me ocurren destinos for the child tipiquísimos como puede ser Disneyland. Otro que todo el mundo habrá pensado puede ser Disneyworld (el de Florida). Siempre los había más pijines que iban a London a aprender inglés en verano y estaban los que rebosaban campechanía y anhelaban ir a las fiestas del pueblo de al lado.

Y es que los pueblos eran ese lugar de juego y perversión, risa y putiferio al que no teníamos acceso los pringados cosmopolitas como yo. Jamás tuve pueblo. Tampoco tuve ningún amigo que me invitara al suyo, pensando que a lo mejor se lo iba a quitar. Claro, allí podían salir hasta tarde. Incluso volver a casa al día siguiente. Se dejaban las puertas de casa abiertas con esa cortinilla de plastiquete que no servía para nada, los gatos se colaban igual. En los pueblos siempre había la niña mona que en un inocente principio era la reina del baile, la que más amigos tenía, la princesa de la piscina (capítulo aparte los pueblos con piscina municipal), pero que al cumplir más años, digamos los quince, era la “suelta”, la que no decía que no, vamos la que todo el pueblo se pasaba por la piedra. Y allí, en el pueblo, nacían tus primeras experiencias de adolescencia. El escarceo con el alcohol, los cigarritos, los de la risa, las chiquillas y los tocamientos bajo las mesas de piedra de los picnics.

Mientras todo esto pasaba a las afueras de Madrid, inside había un muchacho que todos los veranos soñaba con escapar lejos, a un lugar remoto, precioso, maravilloso y emocionante. No era un pueblo y tampoco lo dirigía un señor congelado. Era un país. Sí, un país entero. Djibouti.

¿Djibouti? Sí. También castellanizado como Yibuti.

¿Dónde cojones está eso? Ahí está el encanto que supura este país, que no sale en todos los mapas. Es un país africano, al norte del cuerno más famoso que por ser tan insignificante, pequeño, destartalado y pobre no sale en todos los mapas y sólo sale en los más detallados y/o de pago. Esos que te venían como en un anexo de plástico chulo en el libro de Conocimiento del Medio de sexto de primaria.

Pero claro yo imaginaba Djibouti como un paraíso en la Tierra. Como una perla sin descubrir, un diamante sin pulir, un grano sin rascar. Ese pequeño país con la capital del mismo nombre al que no ha llegado el ser humano, que esconde una multitud de tesoros en su interior.

Claro, era joven y en esa tierna época no tenía internet. Con la era moderna mi cerebro se atrofió y olvidé este bonito lugar donde mi imaginación divagaba. Hasta hoy. Y con la curiosidad de un niño chico me he aventurado a escribir en Google “Djibouti” y tener el valor de ver lo que salía al otro lado.

Me entero que mi país preferido en realidad es de los más pobres de África. Que por no tener no tienen ni bosques. Que sólo hay una ciudad donde existen calles en francés. Que tienen un himno muchísimo mejor que el nuestro.

Me tengo que informar sobre si hay aeropuerto y hoteles. Sólo necesito esto, porque sigo queriendo ir.

Aquí no se acabó todo

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15 comentarios sobre "Melancolía cerebral o la importancia de recordar cosas"

  1. arroyolid
    16/08/2010 at 21:10 Permalink

    ¡Qué lindo país, ché!

  2. nanoysutrompa
    16/08/2010 at 22:49 Permalink

    A mí me dan ganas de llevar allí todos mis dólares.

  3. Vértigo
    19/08/2010 at 19:51 Permalink

    tampoco tengo pueblo! avisa cuando vayas a tu país y me voy contigo!!!!

  4. nanoysutrompa
    20/08/2010 at 12:15 Permalink

    Pues la verdad es que necesito personas para ir. También mercenarios y un equipo de seguridad privada preparados como si fueran marines.

  5. Vértigo
    22/08/2010 at 21:00 Permalink

    este finde estuve en el pueblo de una amiga! además, estaban de fiestas! tenía que haberle dicho que te dejara venirte también!

  6. nanoysutrompa
    22/08/2010 at 21:25 Permalink

    Pues sí, podrías haber echo algo al respecto.

  7. Vértigo
    22/08/2010 at 21:39 Permalink

    me acordé de ti cuando ya estaba allí!!!

  8. nanoysutrompa
    22/08/2010 at 21:49 Permalink

    ¿Qué pueblo era?

  9. Vértigo
    22/08/2010 at 22:15 Permalink

    torrejoncillo del rey, en cuenca.

  10. nanoysutrompa
    22/08/2010 at 22:36 Permalink

    Suena lo suficientemente rural.

  11. Vértigo
    23/08/2010 at 17:33 Permalink

    pues sí, con encierros y todo… imagínate…

  12. nanoysutrompa
    23/08/2010 at 21:53 Permalink

    No todos somos Cataluña cuando lo necesitamos.

  13. Vértigo
    23/08/2010 at 22:29 Permalink

    ya… y la familia de mi amiga preguntándome si me había gustado (hasta fuimos a ver a los recortadores, que ni sabía lo que era eso) y yo contestando es que es la primera vez que lo veo.. y mi amiga diciendo que yo había salido poco torera…

  14. nanoysutrompa
    23/08/2010 at 23:36 Permalink

    Tengo que preparar un post sobre los toros. A ver si me animo esta noche.

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