Ubérrima desdicha o el bus nocturno

No hay nada peor que tener que coger un autobús de largo recorrido que viaje por la noche. Digo tener que coger porque no existe nadie al que le guste este tipo específico de transporte. Que no, nadie.

No hay nada peor. Con esto se nota que no pasamos tanto en la guerra.

La primera incomodidad notable es el asiento. Ni es cómodo ni es incómodo, lo que a la larga y durante el viaje se vuelve insoportable. No se reclina lo suficiente pero siempre te parece que el de delante tuyo se reclina demasiado. Si quieres le puedes dar un besito de buenas noches en la frente. Hay algunos que incluyen un reposa pies reclinable como signo de confort pero que en realidad es una herramienta del mismísimo Satanás para que te peles las rodillas con el forro de pica pica que llevan los asientos en la parte posterior. Si no eres un pigmeo, claro. Aunque probablemente los pigmeos no pueden coger el autobús porque lo tienen difícil para subir el primer escalón. Y no hay sólo uno.

Hoy he estado metido seis horas y media en una de estas máquinas de tortura sobre ruedas. Lo segundo que he descubierto es que tu peor enemigo son los pelos de las piernas, de la zona posterior del muslo sobre todo. Lo primero que he descubierto es que hay mucha gente que ronca, y peor aún, hay mucha gente que opta por no asearse antes de un viaje de estas características. Supongo que pensarán en ducharse luego y joder a los demás durante.

Lo peor de estos viajes es que van siempre llenos. Aunque un asiento vacío al lado no significa que vayas a ir como un rey. A veces pienso que es peor tener dos asientos que tener uno. ¿Cuántas posturas se pueden hacer en dos asientos de autobús? Hablo de posturas para dormir, eh. Yo he contado por lo menos veinte.

La culpa de que vayan siempre hasta los topes es el número de paradas que hacen. Claro que si fuera directo llegarías a tu destino dos horas antes y a ver qué haces en San Sebastián, por ejemplo, a las cuatro de la mañana. Te echas unas risas seguro. Por lo menos yo he llegado a la hora del desayuno. El problema no es el tiempo añadido sino los badenes de las ciudades (las bandas acústicas, los rompemuelles, como lo llame cada uno). Porque si no te despiertan las luces, las luces de lectura potentísimas, la voz cálida y melosa del conductor (“pasajeros de Tolosa, nos aproximamos a la estación”) tranquilo que seguro pasamos por una calle llenita de bandas de estas que hace que el autobús se convierta en una atracción de feria de pueblo con los mismos sistemas de seguridad, ninguno.

Lo importante es que al final llegas. De cualquier manera. Y como yo hoy tengo un examen dentro de dos horas, me voy al Eroski a comprar Redbulles y Burneses hasta que me reviente la cafeína en el sistema linfático.

Aquí no se acabó todo

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3 comentarios sobre "Ubérrima desdicha o el bus nocturno"

  1. arroyolid
    02/09/2010 at 0:32 Permalink

    Hijo, peor eran los vagones de tercera en los “Rápidos” (trenes que paraban en cada apeadero, aunque solo los vieran dos vacas esmirriás y legañosas), con sus asientos de madera en tablas paralelas, se te ponía el culo como las cebras oye.

  2. Vértigo
    03/09/2010 at 20:13 Permalink

    la verdad es que soy de tren.. y en bus por la noche sólo he ido en viajes organizados, que no es lo mismo… no tengo mucho que opinar.

  3. nanoysutrompa
    04/09/2010 at 0:44 Permalink

    Más que opinar, lo que tienes es suerte.

    Mañana vuelvo en bus, pero de día, con su parada para comprar chocolatinas. Eso me gusta.

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