Mírala. Es preciosa. Y tú no eres más que un bufón. Un bufón malo, de chistes fáciles y pelos en la espalda. ¿Por qué crees que ella está aquí, debajo tuya? No puedes ¿verdad? Siéntete culpable. Nunca has hecho nada bien, y desde luego hoy no va a ser tu día. Huelela. ¿Te das cuenta? Mejor no te huelas tú. Hueles a vergüenza, a virginidad mancillada. No eres un hombre. No eres su hombre. ¿Te has fijado en sus ojos? Te desea. Debe de estar loca, con esos dientes que tienes, esa barba a medio recortar. Vas siempre hecho una mierda. Y aquí la tienes, en tu cama, desnuda, sudando, pidiéndotelo. Y tú, ¿dónde estás? ¿No puedes? Pobrecito… Me das pena.
Ella me dijo que no me preocupara, que le pasa a mucha gente. Pero yo sé que es mentira. Sabemos que es mentira.
por
23/04/2012 at 17:51 Permalink
Lo que la percepción esconde. Cuando la mente te abandona y te guías por instinto. Es precisamente el instinto el que rige, a no ser que la mente no te haya abandonado.
24/04/2012 at 23:15 Permalink
Pero tan poderosa la mente a veces, ni el instinto sucumbe…
27/04/2012 at 21:52 Permalink
No tenemos tanto poder como creemos, ni como nos hacen creer. Tu mente nunca superará los instintos de tu cuerpo.